De La Madre África a la Sala Sinfónica 35 años de William Cepeda

Por: Griselle Díaz – Foto & Video: Luis Pérez

MUNDO LATINO PR. Santurce, Puerto Rico. La noche no comenzó con un concierto, comenzó con una consagración. La celebración de los 35 años de Afrorican Jazz de William Cepeda llevó lo tradicional de la bomba puertorriqueña a la más alta esfera musical, ejecutando esos golpes ancestrales que vienen de la madre patria África y exaltando la cultura puertorriqueña en su más alto nivel.

Para entender lo que pasó en Bellas Artes hay que entender de dónde viene ese tambor.

La historia de la bomba: Nace en el siglo XVII en las haciendas azucareras de Loíza, Mayagüez y Ponce. Los esclavos traídos de las costas de África – de los pueblos Ashanti, Yoruba y Bantú – no tenían voz, pero tenían cuero y madera. Crearon el barril de bomba con ron y piel de chivo. La bomba no se baila, se habla. El bailador reta al tambor primo con sus piquetes, y el tamborero tiene que contestar. Es el único baile en Puerto Rico donde el bailarín es quien manda. De ahí salen el sicá, el yubá y el holandés.

El disfraz colorido y el vejigante: Al final de la noche subieron los vejigantes. ¿Por qué son tan coloridos? El vejigante es la fusión más pura que tenemos. La máscara viene del teatro medieval español que representaba al moro y al diablo en las fiestas de Santiago Apóstol. Pero cuando llegó a Loíza, el esclavo le puso cuernos de coco, colores chillones, dientes de coco y vejiga de vaca seca – de ahí el nombre vejigante – para burlarse del amo. Es el diablo que se ríe, el africano que se disfrazó de español para poder ser africano. Cada color es una tribu, cada cuerno es resistencia.

El viaje sinfónico:

Cepeda, loiceño de siete generaciones de músicos, creador del Jazz Puertorriqueño y primer puertorriqueño en recibir el Jazz Legacies Fellowship 2026, abrió con Bomba Swing. Una liturgia de caracoles marinos, cajón y metales.

Súbito y Let ‘s Have Fun. Después, el acto de alta alcurnia: la Orquesta Sinfónica de Puerto Rico completa bajo la batuta de su director emérito Roselín Pabón Pérez interpretando Danza Sentimental y Washiba con arreglos sinfónicos originales que funden bomba, plena, danza y música jíbara y taína.

En el segundo acto llegó la opulencia total. Plena Suite # 1, Toshiko en clave de jazz puro, y Jíbaro Suite # 4, continúa el espectáculo con el trovador Julio César Sanabria y Edwin Colón Zayas en el cuatro rompiendo el esquema.

El momento de Andy Montañez: Andy cantó Imaconco. No es una canción, es un archivo.

Las voces de ensueño que le hicieron la contraparte a Andy Montañez en Imaconco:

La coral principal fue Nelie Lebrón – la voz femenina histórica de Afrorican Jazz.

Coristas: Tanya Aponte, Flor Angel D. Guilbe, Francisco Ortiz, Ketsia J. Cardona.

Enrique Cardenas en percusión menor, tabla india, Jonuel Lebron en la guitarra, Luis Carrasquillo poeta negrista.

Imaconco es una bomba de Loíza vieja, de las que cantaban las abuelas lavando. El título viene del canto de trabajo: «Ima Conco» es una corrupción fonética de una frase africana que los viejos bomberos traducen como «aquí estamos juntos» o «madre del tambor». Es un canto de llamada, de celebración de que sobrevivimos. Cuando Andy lo canta y remata con un pedacito de Cómo fue, está uniendo dos Puerto Rico: el de la bomba de solar y el de la salsa de marquesina.

El cenit fue Bomba Flamenca, con Patricia Muniz representando el flamenco ibérico y Maribella Burgos y Sorely Muentes representando la bomba africana. Tacón contra barril.

Cabe destacar que en el 2013 Berklee College of Music le otorgó el Doctorado Honoris Causa en Música durante el Puerto Rico Heineken JazzFest. William se graduó en Berklee en el 85, y en el 2013 regresó para recibir el honor. El mismo presidente de Berklee, Roger H. Brown, dijo de él que es una cuádruple amenaza: instrumentista, compositor, pionero de un género y etnomusicólogo. De hecho, tocó con la toga doctoral puesta esa noche.

William Cepeda, trombonista loiceño, protegido de Dizzy Gillespie

Y el cierre, Medley Bomba Loíza, con los vejigantes en escena, fue la tesis de Cepeda: de África a Loíza, de Loíza a Bellas Artes, sin pedir permiso.

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