Por: Luis Pérez
MUNDO LATINO PR. San Juan, Puerto Rico. Crónica de una noche donde la salsa testificó a su favor. A las 6:00 de la tarde del domingo 4 de octubre, se abrió la sesión. Pero esta vez no fue en el Tribunal. Fue en Bellas Artes.
El magistrado de la noche no vestía toga. Vestía timbales. Pedro Luis Morales Cortijo, mejor conocido como Don Perignon, compareció ante su pueblo para celebrar 50 años de carrera ininterrumpida. Y el veredicto fue unánime: culpable de haber mantenido viva la salsa puertorriqueña contra viento y marea.
La sala, llena a capacidad, no era un público. Era un jurado. Un jurado compuesto por tres generaciones que crecieron bailando con La Puertorriqueña, esa orquesta que Don Perignon fundó con un axioma claro: que la gente baile.
Desde el primer golpe de baqueta, la orquesta compareció con una pulcritud sonora irrefutable. No hubo desafinación. No hubo desacato. Hubo afinque. Ese afinque contumaz, sabroso, que es la jurisprudencia que el bailador puertorriqueño exige y respeta.
EXHIBIT A: LA EVIDENCIA MUSICAL:
La acusación contra el olvido fue presentada con prueba contundente.
La orquesta, su Orquesta La Puertorriqueña, sonó como lo que es: una institución. Sólida, contundente, precisa. Una maquinaria de ritmo con 50 años de jurisprudencia musical.
Al estrado fueron llamados a testificar sus testigos de carrera. No testigos de cargo, sino de descargo y de gloria:
Joe González, José Karlo Ribot y Henry Santiago, voces matrices de la historia de La Puertorriqueña, desfilaron interpretando el cancionero que constituye el cuerpo del delito musical del maestro.
Y luego, los peritos de mayor peso:
Gilberto Santa Rosa, Andy Montañez, Rafi Andino, Victor Garcia, Michael Stuart, Luisito Carrión, Moncho Rivera, Hermán Olivera y Alex D’ Castro, Gerardo Rivas, su hijo Pete Perignon – heredero consanguíneo del timbal y del apellido. Cada uno, con su testimonio cantado, validó lo que el expediente ya decía: que Don Perignon no es solo un timbalero, es un formador de cantantes, un director que entiende el son montuno como ley.
Gilberto, elegante como siempre, recordó que Don Perignon fue puente en sus inicios. Andy Montañez, con quien Perignon trabajó antes de fundar su orquesta, le rindió pleitesía al que fue su músico.
Precisamente Alex D’Castro fue el encargado de ejecutar una de las piezas de mayor solemnidad de la noche: «A Quién Iré», de la autoría del compositor y cantante Héctor Olmo. En voz del Pastor, el tema no fue una canción, fue una deposición espiritual. Un testimonio. Con el afinque de La Puertorriqueña.
EXHIBIT B: EL HOMBRE DETRÁS DE LA TOGA:
Recordemos la historia que pocos conocen. Pedro Morales Cortijo trabajó por años como alguacil en los tribunales de Carolina, Bayamón y San Juan. Una anécdota que él mismo cuenta, entre risas, que cuando lo buscaban por su nombre de pila, le decían: «Aquí no trabaja ningún Pedro Morales».
Pero si decían «Don Perignon», todos sabían quién era.
Con sala llena, presentó 24 piezas de evidencia:
Abrió La Puertorriqueña con La Colorá, Mal Necesario, Bonito y Sabroso, Ciudad Ciudad, Mulata Coqueta, Afinque Total, Baila, Ahi na’ ma’.
Luego el momento filial: Pete Perignon (su hijo) y Gerardo Rivas con Los Pasos de mi Padre.
Andy Montañez con Dulce Veneno y Me Gusta. Rafi Andino – Distinto y Diferente. Victor García – Pica Pica.
El alegato espiritual: Alex D’ Castro con A Quién Iré, autor Héctor Olmo.*
Herman Olivera – Ritmo Bembé. Michael Stuart – Cáscara y Las Mujeres. Moncho Rivera – Demostrando a Tiempo. Luisito Carrión – La Fuga y Amante a la Antigua.
Y para el veredicto final, Gilberto Santa Rosa con La Ley #10, El Timbal que Baila y La Reunión.
Cierre: Celebración – TODOS en tarima, como en la foto que capturamos.
El alguacil condenó a la salsa a 50 años más de vigencia.
Ese mismo hombre que custodió salas judiciales, ahora custodia el legado de la salsa dura. Su apodo original era «Perín». Fue un cubano quien, al ver su porte y elegancia, sentenció: «Tú no puedes ser Perín. Tú tienes que ser Don Perignon». Y así quedó asentado en acta.
La noche del domingo, ese alguacil se convirtió en juez de su propia historia. Y dictó sentencia bailando.
No fue un concierto. Fue una vista evidenciaria de medio siglo.
Don Perignon demostró, más allá de toda duda razonable, que si volviera a nacer, como él mismo ha dicho, volvería a ser músico.
FALLO INAPELABLE:
Se declara a La Puertorriqueña culpable de tener el mejor afínque para el bailador en Puerto Rico y el mundo. Se le condena a 50 años más de buena música.
Se levanta la sesión. A bailar.
Y el pueblo, de pie, lo declaró inocente.
Fallo final:
50 años y contando. »La salsa no puede morir».
Enlace Video:
https://youtu.be/JwonOOk35Y0
