Gilberto Santa Rosa se consagró en su mejor espectáculo, “Íntimo”

Por Sandra D. Rodríguez Cotto
Fotos por Luis Pérez

MUNDO LATINO PR. San Juan, Puerto Rico. La noche del 14 de febrero, mientras el mundo se detenía para celebrar el amor, el Coliseo de Puerto Rico recibió a una de las instituciones más grandes de nuestra cultura: Gilberto Santa Rosa. En la primera de dos funciones totalmente vendidas —logro por el cual recibió un reconocimiento especial del recinto—, el «Caballero de la Salsa» entregó lo que fácilmente puede catalogarse como el mejor concierto de su trayectoria. Ante un «Choliseo» donde no cabía un alma, el ambiente desbordaba una conexión única entre el ídolo y su pueblo.

La propuesta, titulada “Íntimo”, fue una exhibición de maestría técnica y artística. Con una voz impecable y en su punto, Santa Rosa estuvo acompañado por músicos de primer orden y un cuerpo de bailarines de excelencia. La producción no escatimó en detalles: desde un diseño de escenografía con visuales modernos hasta una selección de artistas invitados estratégicamente pensados para elevar la energía. Fue un repertorio espectacular que no dejó espacio para nada que no fuera el disfrute absoluto.

Santa Rosa demostró que, al igual que el buen vino, el tiempo solo ha servido para perfeccionarlo. Sin embargo, lejos de anquilosarse en la nostalgia, ofreció un espectáculo contemporáneo, activo y vibrante. Sorprendió con una energía contagiante que recordaba a sus inicios. Parecía tener 20 años sobre el escenario, por la vitalidad con la que manejó cada tema.

Para quienes hemos seguido la carrera de Santa Rosa durante décadas, dentro y fuera de la Isla, la conclusión es unánime: este ha sido su mejor concierto. Fue, simplemente, espectacular.

Con una trayectoria que lo ha llevado desde la Orquesta de Willie Rosario hasta ser el primer salsero en el Carnegie Hall, Santa Rosa es «otra cosa». Su discografía es un monumento a la constancia, con joyas como Perspectiva (1991), Viceversa(2002) y su más reciente Debut y Segunda Tanda. Su relevancia es tal que incluso el «Conejo Malo», Bad Bunny, lo invitó a su residencia en el “Choliseo” para cantar juntos, validando que el respeto por la excelencia musical no tiene fecha de expiración.

Esa distinción se sintió anoche, en un contraste necesario frente a la reciente energía urbana del Super Bowl. Santa Rosa reafirmó que la salsa romántica es el cimiento eterno de nuestra identidad y, con su característico sentido del humor, jugó con la idea de su propia ‘residencia’ de dos funciones. Aunque la cifra dista de los históricos 31 conciertos que Bad Bunny ofreció en ese mismo escenario, el gesto evocó con simpatía el formato del astro urbano, quien precisamente tuvo a Gilberto como invitado de honor en una de sus noches. Al final, Santa Rosa demostró que su sofisticación natural es ‘otra cosa’, posicionándose como ese estándar de clase que prevalece por encima de cualquier moda del streaming.

Un legado que trasciende el tiempo

La velada comenzó con una fuerza visual y emotiva: el video «Corazón» dio paso a los primeros acordes de «Déjate querer». La energía subió de inmediato con una combinación de «Cartas sobre la mesa» y «Ahora o nunca», preparando el terreno para una noche de pura maestría vocal.

Después cantó magistralmente “Tú”, ese himno al amor de Juan Luis Guerra, pero en su romántica versión en salsa. Lo siguió con “Amor para la historia” y “Quiéreme”.

Fiel a su caballerosidad, Santa Rosa compartió el escenario para resaltar el talento de su equipo, comenzando con Juan Carlos, quien tuvo un solo que conmovió a la audiencia con su interpretación de «Almas gemelas». Después, Santa Rosa cantó “Yo no te pido” y luego, con Saviel, tomó las riendas del clásico «Conciencia» en uno de los momentos más técnicos de la noche. Otra de las integrantes de su orquesta que compartió escenario con Gilberto, más adelante, fue la cuatrista Fabiola, quien mostró una técnica tremenda y una energía desbordante en «Qué manera de quererte».

Uno de los instantes más emotivos y respetuosos de la noche fue el homenaje a Rafael Ithier, donde Gilberto interpretó «Las hojas blancas», rindiendo pleitesía al fundador de El Gran Combo. Fue un acierto la nostalgia visual que presentó en escena, ya que aparecían fotos de Ithier y Santa Rosa a través de los años, ya fuera en escenarios, frente al piano o en momentos familiares.

Luego cantó tres de las favoritas del público en un medley con músicos de la Orquesta Filarmónica de Puerto Rico: “Vino tinto”, “Cosas nuevas” y “No me dejes solo”. En esta parte, cuando el ambiente se sentía como si el público flotara, interpretó una de las canciones más bellas del cancionero mundial, “Para vivir”, del cubano Pablo Milanés. También cantó “No pensé enamorarme otra vez”, del también cubano Jorge Luis Piloto.

Muchos artistas y personalidades estaban en el público anoche, pero destacó a un verdadero talento: el gran cantautor panameño Omar Alfanno. Él fue el compositor de algunos de los más grandes éxitos en la carrera de Santa Rosa, como “Que alguien me diga”, “Conciencia” y “Vivir sin ella”, entre otros que cantó hermosamente anoche.

Santa Rosa cantó “Tengo una muñeca” y “Sembrando para ti”. Entonces llegó el momento de compartir tarima con Límite 21, con quienes interpretó “Con la mano arriba”.

El cierre fue un despliegue de éxitos que forman parte del ADN de Puerto Rico. La secuencia final fue un golpe tras otro al corazón: “Impaciencia”, «La agarro bajando», «Conteo regresivo», «Perdóname» y «Que alguien me diga».

Finalizó con “Qué manera de quererte” en un medley, frases soneadas, comparsas y el cuerpo de baile que llenó de color el escenario. Gilberto Santa Rosa confirmó que, en el día de San Valentín, no hay mejor lugar en el mundo que estar frente a su micrófono. Mientras otros buscan la tendencia del momento, Gilberto se mantiene como el estándar de oro: impecable, romántico y eterno.

El único ‘pecado’ de este espectáculo es su brevedad; una propuesta de este calibre merecería una permanencia extendida en cartelera para que todo Puerto Rico pudiese atestiguarla. Sin embargo, lo vivido anoche trasciende la cantidad de funciones. En este 2026 que apenas comienza, Gilberto Santa Rosa no solo entregó el que probablemente sea el mejor concierto del año, sino que reafirmó que la maestría no necesita récords numéricos para ser eterna. Fue una cátedra de amor y cultura en su estado más puro.